miércoles, 18 de febrero de 2015

Esquí en las cumbres del Sol Naciente

Entre Shirakawa-go y Karuizawa, recorremos los contrastes de los Alpes Japoneses, una región de inviernos extremos y mucha nieve donde la tradición se entrelaza con el esquí y las compras.
Nieva. Cae la nieve en Shirakawa-go y los bosques que rodean el pueblo se difuminan de melancolía. Desde un hombro de la montaña, el mirador de Shiroyama explica entre la densa aguanieve que cae por qué ha sido declarado Patrimonio de la Humanidad. Nieva y el invierno transforma los matojos cortados de arroz en flores blancas que rayan con su hielo los aguazales.
Hay que venir al corazón montañoso de la prefectura de Gifu a conocer tan extraña belleza. A pesar de que alcanzar sus casas de empinados tejados de paja es cuestión de un viaje de hora y media desde Taganawa descifrando la geografía de los Alpes Japoneses. Adormecida al fondo del valle y aislada hasta del paso del tiempo, Shirakawa-go merece la pena.
Se extienden los Alpes Japoneses a lo largo de Honshu, la isla más grande del archipiélago nipón. Su altura, más humilde que la de sus primos europeos, no les resta bravura a un paisaje que también padece el cambio climático. La cercanía del Mar de Japón y la elevada latitud les otorgan a los inviernos condiciones extremas, con fuertes precipitaciones de nieve y temperaturas muy por debajo de cero. Aunque las últimas temporadas los termómetros no bajan tanto y las nevadas se hacen de rogar. Asunto importante en un país con más de 600 estaciones de esquí.

Entre colinas boscosas

Algo más cerca de Kanazawa, la estación de Karuizawa es de las más curiosas de la nieve nipona. Extiende sus pistas por las suaves colinas boscosas que rodean a un gigantesco outlet. Enorme y elitista, todas las marcas bandera del consumismo universal tienen boutique abierta en sus galerías porticadas. Tradición y modernidad, la esencia del país del Sol Naciente. Este centro comercial es referencia de las guías y muy visitado por los japoneses, adictos por lo general a los artículos de altas marcas. A Karuizawa se viene a esquiar y a comprar a partes iguales.
Disfrutando de la nieve nipona.
Dotadas con modernos remontes mecanizados, los centros de nieve nipones tienen una parte importante de sus dominios innivados concañones. Aunque lo que más llama la atención del extranjero en las pistas es la juventud de la mayoría de los esquiadores, comparada con la de los usuarios de las estaciones de Europa, así como la gran afición por el snowboard, hoy en regresión de nuestras pistas.
Jigokudani Yaen-Koen está en la otra punta de los atractivos turísticos. Cerca de Nagano, es el conocido onsen (termas) donde residen los macacos japoneses. Este es uno de los dos únicos lugares del mundo, junto con los africanos montes Virunga, donde residen los gorilas de montaña, donde es posible encontrarse cara a cara con nuestros parientes más cercanos. Es tal la proximidad que, en ocasiones, se establece contacto físico.

Mercado del pescado

De regreso a Kanazawa, la Tsuzumi Mon (Puerta del Tambor) da la bienvenida en la estación central. En el interior, una maqueta del shinkansen, el tren bala que el 14 de marzo llegará a la ciudad. A bordo suyo, Tokio se pondrá a poco más de una hora y ya tienen billete el aumento de la actividad económica y el incremento del turismo en la región. Kanazawa es lo que se espera de cualquier ciudad japonesa: centro abigarrado de carteles luminosos, cruces condecorados con vertiginosos pasos de cebra y un célebre mercado de pescado, Ohmicho. Sus puestos ofrecen ordenadas y pulcras filas de pescados y, estas semanas que ya es temporada, cangrejos rey, joyas anaranjadas en cajas desbordadas.
Día soleado en Shirakawa-go.
La urbe tiene mucho más que ver. Dos de sus distritos más famosos, por ejemplo. Sólo son un puñado de calles, pero en ellas reside el aroma de ese Japón soñado de sogunes,geishas, jardines con alma y ceremonias del té detrás de una puerta corredera. Higashi Chaga, el distrito de las geishas, es uno de ellos. Sus antiguas casas conservan el aspecto de siempre, aunque los interiores han mudado a coquetos restaurantes y tiendas de diseño. Nagamachi, el barrio de los samuráis, es el otro. En este distrito se encuentra el jardín de la casa del samurái Nomura. Sobrecoge la belleza y la íntima armonía del que está considerado uno de los tres más hermosos de Japón.
El jardín Kenroku-en es otra cosa. Sobre una colina y vecino del castillo, este parque público se creó en el periodo feudal Edo por el poder de la familia Masuda. Su nombre significa el Jardín de los Seis Atributos: el espacio, el aislamiento, lo artificial, lo antiguo, los canales de agua y los panoramas. Un paseo entre sus cuidados parterres certifica que puede presumir de tenerlo todos.

Autor: Alfredo Merino, publicado en http://www.ocholeguas.com/ 16/02/15

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