lunes, 7 de octubre de 2013

Québec: la original Belle Ville

A orillas del gran Río San Lorenzo descansa la ciudad de Québec, capital de la provincia canadiense del mismo nombre y una de las ciudades más antiguas del continente norteamericano, con multitud de lugares que conocer. La parte más antigua de Québec se divide en dos zonas: la Haute-Ville (ciudad alta), situada sobre un promontorio rocoso llamado Cap Diamant, mantiene la antigua atmósfera europea; y la Basse-Ville (ciudad baja), que se encuentra en las riberas de los ríos San Lorenzo y San Carlos. Las murallas, construidas entre 1823 y 1832, rodean gran parte de la zona antigua de Québec y están dominadas por una ciudadela.
El corazón de la ciudad se encuentra en la zona alta, en su centro histórico amurallado o Vieux Québec , que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1985. La arteria principal es la Rue St.Jean que ofrece a los turistas todo un elenco de cafés, bares, restaurantes y tiendas para hacer las compras más típicas del lugar. Sin embargo, apartándose del bullicio de la calle principal llegamos a Terrasse Dufferin que desde la Ciudadela se pasea por el borde del acantilado y ofrece unas vistas espectaculares.
La Ciudadela de Québec, a veces conocida como “el Gibraltar de América” es el fuerte más grande construido en Canadá bajo el dominio británico. Tras setenta años de construcción y reconstrucción pasando por manos británicas y francesas, alberga hoy un museo que cuenta la historia de los últimos 250 años de Québec así como una exposición permanente sobre el 22º Regimiento Real. Precisamente uno de los principales reclamos de la Ciudadela reside en el cambio de Guardia que los Vandoos llevan a cabo cada mañana de verano y que atrae a cientos de visitantes.
La zona alta de Québec, ofrece a los turistas un gran número de museos que recogen la historia de Québec. Cerca de la Ciudadela , se encuentra el Parc des Champs de Bataille , donde los británicos ganaron una importante batalla sobre los franceses en 1759. Justo allí, se erige hoy el Museo de Québec que guarda una colección muy estimable de pinturas de Jean-Paul Riopelle y esculturas de Louis-Phillippe Hérbert. También podemos visitar el Museo-Convento Ursulino o el Museo de las Agustinas que nos trasladan a los siglos diecisiete y dieciocho para mostrarnos cómo era la vida monacal en Québec.
Y así llegamos a Terrasse Dufferin , que citábamos antes. Se trata de una explanada que vuela sobre los acantilados de Cap Diamant y que se ha convertido en uno de los puntos de encuentro más populares entre todos aquellos que se mueven a pie, visitantes y locales.
Las dos partes de la ciudad de Québec, están conectadas por un funicular que parte precisamente desde Terrasse Dufferin pero para aquellos más osados existe la alternativa de tomar las escaleras, que descienden todo Cap Diamant entre estrechas calles, escalones excavados en la roca y cortos tramos de escaleras con nombres tan alentadores como Escalier Casse-Cou (Escalera Rompe-Cuellos).
Una vez en la Basse-Ville , ya se haya llegado a pie o por el teleférico, se pueden visitar dos calles muy peculiares: con sus dos metros y medio de anchura la Rue du Petit Champlain y la Rue Sous le Cap , son las dos calles más antiguas de toda Norteamérica, pero además son también dos de las más estrechas.
Por ellas llegamos al punto más concurrido de la parte baja de Québec: el Place Royale . Con 400 años de antigüedad es un conjunto de edificios que en la actualidad está destinado a exposiciones y museos que fue en su día un mercado de venta de pieles establecido por el explorador Samuel Champlain. Su belleza, su historia y sus innumerables tiendecitas turísticas, cafés y restaurantes lo han convertido en un gran atractivo para los visitantes.
Siguiendo las callejuelas que nos alejan de Place Royale hacia el oeste, llegamos a la Iglesia de Notre Dame des Victoires , edificio austero de 1688 considerado la edificación en piedra más antigua del continente. En su interior alberga una réplica de madera de un barco llamado Brézé , del que se dice que da buena suerte a los navegantes del Atlántico.
Siguiendo hacia el oeste nos encontramos con el Parc Montmorency . En sus orígenes en el siglo XVII este parque fue una tierra infértil que se destinó a cementerio de los inmigrantes europeos que llegaban a Québec atravesando el océano. Hoy es lugar de reunión y disfrute tanto de los vecinos de Québec como de los turistas. En su centro se haya la estatua de Georges Etienne Cartier, gran partícipe en la creación de la Confederación Canadiense en 1867.
Sin duda otro de los atractivos de Québec, son sus islas. La isla de Orleans es lugar de residencia para unos ocho mil quebecois que viven entre densos bosques, casas de estilo victoriano y pintorescas granjas. Sin embargo cada una de sus seis parroquias conserva un estilo diferente. La isla de Grosse ha mantenido su carácter histórico a través de los años. Desde 1994 se pueden visitar las salas de desinfección, los hospitales, cementerios y las dependencias donde vivían en cuarentena inmigrantes que llegaban a Canadá desde el Viejo Continente. Desde 1840 hasta 1932 el Gobierno Canadiense utilizó esta isla como parapeto a las enfermedades que traían los europeos. Hoy, todo este complejo es visitable.
Pero la historia americana y canadiense no sería la misma sin sus habitantes originales, los nativos canadienses. A 15Km. al noroeste de la ciudad de Québec, se encuentra la pequeña comunidad de Wendake , donde se ha reconstruido un antiguo poblado Hurón llamado Onhoüa Chetekwae al que llegaron retrocediendo en sus constantes luchas con los Iroquois. Aquí podremos ver a través de visitas guiadas las grandes dependencias donde comerciaban con pieles, bailes típicos y recreaciones sobre la vida cotidiana de los hombres y mujeres que dieron nombre a Canadá.
Québec es una ciudad inmensamente rica en historia y cultura. Hay cientos de lugares que ver, decenas de museos que visitar e innumerables actividades culturales y deportivas que disfrutar. Cuatro páginas no son suficientes para recoger todo lo que ofrece Québec, así que para conocerla en profundidad, lo mejor es visitarla.

Texto: María Ulled fotos: ONT Québec En www.revista80dias.es [05-10-13]

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