viernes, 6 de septiembre de 2013

48 horas en Ferrara

La bici, una de las mejores formas de conocer Ferrara | Foto: Turismo Ferrara

Ferrara es un coqueto municipio que se encuentra en el Noreste de Italia, a 40 kilómetros de Bolonia y bordeado por el río Po, que desemboca en el Mar Adriático. La ciudad, capital de la provincia del mismo nombre, fue de las primeras en contar con una urbanización moderna en la Europa postmedieval y además su parte antigua es Patrimono Mundial de la Humanidad.
Para llegar a la localidad desde fuera de Italia hay que usar el aeropuerto de Bolonia. Desde ya podemos decir que la distancia no es un problema, puesto que Ferrara dispone de un autobús que funciona como lanzadera y conecta el aeropuerto boloñés con la ciudad en una hora y por 15 euros. El tren es otra opción, si viajamos desde cualquier punto de Italia, o bien el coche a través de la autovía A13, que une Bolonia con Padúa.

Ciudad sobre ruedas

Dos días (48 horas) es un periodo corto, pero suficiente para conocer Ferrara de forma superficial y quedarse prendado para volver en el futuro y realizar una visita a fondo. Como buena parte de Italia, la ciudad es un libro de arte en sí misma, en este caso con el Renacimiento como protagonista, aunque la cultura etrusca también tiene cabida. Muy famosa, y principal estandarte de Ferrara, es la muralla que circunda la ciudad. Su construcción se inició en 1492 y duró hasta mediados del siglo XVI. La misma pretendía proteger a la villa del ataque de los belicosos venecianos, acogotados por la constante inundación de su territorio. Hoy es difícil comprender que dos pueblos vecinos se enfrenten en guerras de conquista, pero hay que tener en cuenta que a finales de la Edad Media, Italia no existía como tal y estaba conformada por diferentes ciudades y estados que competían entre sí.
El verdadero atractivo de la muralla, a parte de su valor histórico, es que se puede recorrer paseando o en bicicleta. De hecho, muchos tramos se usan por los ferrareses para practicar deporte o descansar cuando hace buen tiempo. La bici es uno de los medios de transporte principales en esta ciudad italiana, muy usada por estudiantes de sus diversas facultades, ya que también es una capital universitaria, como la vecina Bolonia. Además del deporte de las dos ruedas, Ferrara cuenta con un campo de golf de 12 hoyos que quiere potenciar en los próximos años.
Yendo por la Vía Quartieri, que pasa por la parte de la muralla que ha quedado intacta, podemos llegar a la “Puerta del Amor” y de ahí al Monasterio Benedictino de San Antonio, que data del siglo XIII (no abre los sábados ni domingos). Era uno de los lugares santos más ricos donde iban a parar las hijas de familias boloñesas acomodadas. Hoy lo regentan 25 monjas de clausura, pero su aspecto más destacable son los frescos que alberga el interior de su iglesia, se cree que pintados por artistas de la escuela de Giotto, caracterizados por ser pinturas planas de temática y estética bizantina. En este caso, los frescos representan la vida de Jesús de Nazaret, desde su nacimiento hasta la ascensión a los cielos. La particularidad de estas pinturas es que algunas de ellas tienen un relieve, algo poco común en los frescos de esta escuela pictórica.

Palazzo Schifanoia

Otro punto destacable es el Palazzo Schifanoia, ordenado construir por Alberto V de Este, ampliado y mejorado por el primer duque de Ferrara, Borso de Este, y que le servía para congregar a la clase alta de la ciudad en diversas fiestas. Hoy se denomina Palacio del Amor y en sus jardines interiores podemos tomar un refrigerio. Sin embargo, la parte más interesante es el “Salón de los Meses”.
Este habitáculo, que durante el siglo XIX funcionó como una fábrica de tabaco, alberga una pintura muy especial en la que se cuenta la historia de la ciudad durante el siglo XV y de su máximo mandatario, el primer duque de Borso. Se trata de una pintura mural en la que el duque aparece en 36 ocasiones, representado en varias escenas. A diferencia de otras figuras importantes, el duque de Borso se pintaba tal y como era: viejo o barrigudo cuando correspondía, joven en otras ocasiones, en función de la época histórica. Y es que el duque buscaba el máximo realismo en su representación y no una idealización. La pintura contiene muchos elementos esotéricos, eróticos e incluso diversos signos zodiacales, lo que da muestra de lo adelantada que era para su tiempo. Cuando la ciudad de Ferrara fue incorporada a los Estados Pontificios en el siglo XVI y en el palacio se instalaron diversos religiosos, estos mandaron cubrir las paredes con sosa cáustica, un verdadero crimen, puesto que el mural no se adaptaba a las exigencias religiosas. La Iglesia siempre “velando” por el alma pura de los mortales.

La catedral y el barrio judío

Del Palazzo Schifanoia nos encaminamos a la Cartuja de Ferrara, hoy convertida en cementerio monumental católico y que fue fundada por el duque de Borso en 1460. La iglesia de la Cartuja fue muy afectada por el terremoto que asoló la región de L’Aquila en 2011, pero se está reconstruyendo y abre a finales de 2013. De hecho, el cimborrio de la misma cayó sobre un edificio anexo a la iglesia. A parte de las pinturas de Sebastiano Filippi, lo más reseñable es el coro de madera, de 1400, y que tiene talladas imágenes de la ciudad de Ferrara de la época. Es una forma de conocer las costumbres históricas de los ferrareses. Este coro pertenecía a la Iglesia de San Andrés, pero ésta desapareció y se trasladó a la de la Cartuja.
Volvemos al centro de Ferrara, hacia la catedral, de estilo románico y gótico. El pórtico estuvo coloreado en sus orígenes, pero hoy la piedra ha quedado blanca como testigo del paso de la historia que ha ido palideciendo su fachada. En la parte derecha de la catedral se encuentra la Plaza Trento e Trieste en la que se monta un mercadillo y se distribuyen varias terrazas. Es una ocasión perfecta para probar un dulce típico, el Pampapato, un bollo compuesto de almendras, naranjas, mostaza y chocolate. Si seguimos por esta plaza hasta el final entraremos en el barrio judío de la ciudad. Los practicantes de esta religión han sido perseguidos en Europa desde el siglo XV. En las paredes de los edificios de las callejuelas del barrio existen placas con los nombres de las personas que no volvieron tras su huída, sobre todo en la época de la II Guerra Mundial, cuando el fascismo intentó aniquilar a todos los judíos europeos. Ferrara perdió muchas personas de valor, sobre todo industriales, en la primera parte del siglo XX, ya que los mismos huyeron a EEUU donde fundaron negocios. La ciudad llegó a albergar hasta nueve sinagogas activas, aunque hoy tienen otros usos. Por ejemplo, la sinagoga española sirve de alojamiento social. Los interesados se apuntan a una lista y acceden a las viviendas por orden una vez que quedan libres. A cambio se paga un alquiler más barato que el tradicional.
Breves pinceladas para conocer los aspectos más destacables de una ciudad que tiene más que ofrecer, como cultura o paseos en bici para descubrirla completamente. Además, la región permite diferentes tipos de opciones, desde ir a la playa al Mar Adriático, hasta disfrutar de la Laguna de Comacchio, zona de cría de anguilas y parque natural.

El Paseo di Palio y carnaval
Se trata de una de las representaciones más esperadas en la ciudad de Ferrara (y más antiguas, ya que data de 1259) y se realiza cada mes de mayo. El espectáculo, que tiene lugar en la plaza del Castillo de la ciudad, en pleno centro, viene a representar los honores que los ocho barrios que conforman Ferrara rendían al duque.
En 2013 ha tenido una temática medieval y cada barrio realizaba una representación. Por ejemplo, sobre la leyenda de Merlín. Con posterioridad se juzga cada una de las actuaciones y se elige un ganador.
Se trata de un espectáculo conmovedor, realizado en plena noche y muy vistoso. Pero eso sí, es importante acudir pronto para coger sitio en primera fila (si no se cuenta con entrada para las gradas).
Además, el último domingo de mayo se celebra en la Plaza Ariostea un desfile histórico y cuatro carreras: la carrera de los Putti, la carrera de las Putte, la carrera de burras y la carrera de caballos.
La otra fiesta remarcable es el carnaval, que se celebra en febrero, con fiestas de disfraces en los diferentes palacios, juegos con fuegos y malabares en la calle, danza, conciertos y representaciones teatrales, entre otros.
Escapada a Comaccio
Si se dispone de algún día más, podemos viajar a la cercana localidad de Comaccio, junto al Mar Adriático, en la desembocadura del río Po. Aquí se encuentra una de las zonas de cría de anguila, pez que ha dado de comer (y vivir) a la región durante cientos de años. En la laguna próxima a Comaccio se encuentra Valle Campo, un negocio familiar que trata de preservar la laguna y que ofrece menús con anguila. Además, su propietario organiza viajes en lacha por el lago para explicar cómo vivían los pescadores de la zona y cómo se cría la anguila.
Muy cerca también se encuentra un observatorio de aves, siendo los flamencos el principal atractivo de esta zona natural. Por otra parte, en la costa, a pocos metros, se encuentra el Lido di Spina, una playa en la que podremos disfrutar de un chapuzón en el Adriático durante los días más calurosos.
Por: David Fernández En www.revista80dias.es [06-09-13]

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