miércoles, 26 de junio de 2013

Soweto, a los dos lados de la línea

Texto y fotos: Ana Bustabad Alonso
La desgarradora lucha contra el apartheid, que vivió aquí sus momentos más emblemáticos, asocia aún su nombre con pobreza y conflictos raciales. Pero Soweto, creada a mediados del siglo XX para alojar y oprimir a los africanos negros, es hoy un lugar orgulloso de su historia.
 
Apacible, colorida, inmensa hasta donde se pierde la vista, sus millones de casitas de planta baja encienden el corazón vibrante de Johanesburgo, la ciudad más intensa de Sudáfrica.
Situada al suroeste de la gran urbe, Soweto –una contracción del inglés ‘South Western Township’ que significa Municipio del Suroeste- es con diferencia el mayor barrio de Joburg, como llaman sus habitantes a la ‘capital africana’.
Aquí vive el 46% de su población, unos 4,5 millones de personas porque, en realidad, Soweto es muchos barrios en uno. Algunos como Orlando West y Dube, más acomodados, pero la mayoría formados por calles de viviendas diminutas acicaladas con esmero.
No hay grandes calles con tiendas, solo algunos pequeños comercios diseminados, pero incluso los puestos más humildes, de madera y chapa, lucen cuidados y limpios.
 
Hace poco Soweto era solamente un cúmulo de casas y chabolas en desorden, pero el esfuerzo de los ‘sowetan’ y el empuje del Mundial de Fútbol 2010 lo ha convertido en un lugar que recibe cada día a más turistas y viajeros de negocios.
Al fin y al cabo, en este barrio increíble están algunos de los lugares emblemáticos de la historia sudafricana. Un recorrido por ella puede comenzar en Freedom Square, la magnífica Plaza de la Libertad, en el distrito de Kliptown.
Su nombre oficial es Walter Sisulu Square, y en la parte baja se encuentra el Hotel Soweto, un cuatro estrellas que formó parte de la red de alojamientos oficiales durante el Mundial.
Abierto hace pocos años, este alojamiento tan agradable es un impecable proyecto dehormigón visto comparte edificio con un mercado animadísimo, la oficina de información turística y un pequeño centro de conferencias, el Soweto Conference Center, con capacidad para unas doscientas personas.
Justo enfrente, el Walter Sisulu Square, un palacio de congresos mucho más grande, donde se celebran a menudo eventos que superan los dos mil asistentes.
En Kliptown nadie olvida una fecha, la del 26 de junio de 1955. Ese día, más de tres mil representantes de la resistencia contra el apartheid atravesaron los cordones policiales para entrar en esta plaza polvorienta y redactar la Carta de la Libertad.
Ese día Nelson Mandela tuvo que permanecer escondido para evitar a la policía, que tardó más de veinticuatro horas en disolver la concentración. Tendrían que pasar todavía cuatro décadas hasta que Sudáfrica lograra tener por fin su primera Constitución Democrática, pero aquella Carta fue el documento fundacional, la piedra angular del Congreso Nacional Africano.
Aquí es difícil olvidarlo, todo está cargado de simbolismo. La diagonal que cruza el pavimento rojo de la plaza separa la vieja de la nueva Sudáfrica. Soweto, a los dos lados de la línea. En la fachada del Centro de Congresos, miles de cruces recuerdan la forma de voto en aquellas primeras elecciones democráticas.
Justo al lado está la estación de tren de Kliptown, que une Soweto con el resto de barrios deJohanesburgo. Atravesando las vías, una zona multicultural donde además de sudafricanos viven chinos, indios, irlandeses…
Desde el propio Hotel Soweto organizan tours en bicicleta y a pie, con paradas en los lugares más importantes. Uno de los paquetes incluye un masaje por la tarde, ya de vuelta.

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