miércoles, 26 de junio de 2013

Río de Janeiro: vida más allá del carnaval

Por David Fernández



















Uno llega a Río de Janeiro con algunos prejuicios y lugares comunes entre los huecos de la maleta y no tiene más remedio que perderlos en la ciudad para no volver a reclamarlos. Hablar sólo del Carnaval, de la samba, de las playas de Ipanema y Copacabana es reducir una metrópoli en la que viven casi 12 millones de habitantes a una portada en un catálogo de agencia.
Y es que Río acoge al visitante entre los brazos de la bahía en la que se encuentra inmersa: Guanabara. Se trata de una ciudad arrancada por los portugueses del siglo XVI a la exuberante vegetación tropical, en la que se oye el motor de la que será una de las principales potencias económicas de Iberoamérica en los próximos años. Da igual que en las famosas y pobres favelas de Río se concentren dos millones de almas, porque la energía vital de los “cariocas” (como se llama cariñosamente a los brasileños de Río) supera con creces las dificultades que se encuentran en el camino. Si no, ¿cómo podría explicarse que, prácticamente las 24 horas del día, la Lagoa Rodrigo de Freitas (tras el barrio de Ipanema) esté ocupada por gente caminando o corriendo? El deporte es una de las características que definen a muchos cariocas. Y es normal, después de los cerca de 80 kilómetros de playas que existen en el área metropolitana y de la acentuada sensualidad de sus cuerpos. El otro rasgo, que ha adquirido tintes de tópico, es el carácter simpático y abierto del latinoamericano.
Pero, la conocida como “Ciudad Maravillosa” (que fue capital de Brasil hasta 1960, ya que hoy es Brasilia) no se queda sólo en esto, puesto que es un caleidoscopio de tendencias, culturas y personajes. Uno de los puntos más interesantes es el barrio de Santa Teresa, con cerca de cien años de antigüedad y situado en la parte alta de la urbe. Aunque es una zona bastante turística, se le conoce por ser un centro de reunión para los artistas y bohemios de la ciudad. Hasta él se puede acceder con un tranvía que lo atraviesa y que se toma en el centro financiero de Río. En Santa Teresa tendremos una panorámica de la bahía y de buena parte del municipio y podremos encontrar una variedad de tiendas con creaciones artesanales y artísticas.

Una ciudad allende la playa

Sin embargo, una buena parte de la historia de Río se encuentra en el centro de la urbe, que no pasa precisamente por las playas de Ipanema y Copacabana. Así, la Avenida Presidente Vargas es la más importante de todo el centro y donde se concentra la vida económica y empresarial de la ciudad. Los edificios de grandes dimensiones y los organismos oficiales se sitúan en esta zona a la que se puede llegar en Metro (parada Central o Presidente Vargas). Además, al final de la misma, en dirección a la Plaza de Pío X, se accede a la Rua Senhor dos Pasos y a la de la Alfándega (“aduana” en portugués). Ambas son paralelas y, si queremos vivir el ambiente de la calle y mezclarnos con los vecinos de Río, es uno de los puntos clave, puesto que aglutina gran variedad de comercios económicos, tiendas de costura, tejidos, etcétera. Aquí es donde se proveen los cariocas. Como hormigas, podremos pulular por una zona que pisan diariamente cerca de dos millones de personas.
A pocos metros tenemos ocasión de conocer una de las edificaciones más impresionantes de Río: la Catedral de San Sebastián, obra del arquitecto Edgar de Oliveira da Fonseca. Se trata de una construcción con forma de cono piramidal, ideada para albergar al mayor número de fieles posible. En su base cuenta con 106 metros de diámetro y 96 metros de altura. Cerca de la misma se encuentra la estación del tranvía que podemos tomar para acceder al barrio de Santa Teresa. Llama la atención la presencia de un templo de este tipo entre bloques de edificios, pero es que en Río no existe un plan urbanístico como tal. Y, si lo hay, debe de llamarse “caos”. Este es otro de los atractivos de la ciudad.
Asimismo, uno de los puntos interesantes del centro es la Plaza Quinze de Novembro, que recibe ese nombre por ser la fecha de proclamación de la República de Brasil en 1889 (hasta entonces era un reino, que obtuvo su independencia de Portugal en 1822). Cerca de la misma se monta un mercadillo parecido al Rastro de Madrid en el que se puede encontrar prácticamente de todo. Además, desde esta plaza es posible acceder a la Travesía do Comércio, una callejuela estrecha que conserva construcciones de estilo colonial portugués y en la que se hallan bares y restaurantes con precios medios. Por la noche, esta calle se convierte en un lugar de encuentro para tomarse unas copas con los amigos y conocidos.
Por último, otro de los muchos lugares que no podéis perderos es el Centro Cultural Banco do Brasil. Todas las actividades que se desarrollan en el mismo (exposiciones, cine o teatro, por citar algunas) son gratuitas. Está claro que la ciudad no acaba aquí, y dando un paseo por las calles del centro iremos a parar a la Biblioteca Nacional (que alberga la mayor colección de volúmenes de Iberoamérica) o al Museo de Bellas Artes (gratis los domingos).

El Río de postal

Sí, Río también es el Cristo Redentor, el Pan de Azúcar y el Sambódromo. Y el estadio de Maracaná. ¿Son los lugares menos interesantes? Al contrario, subir hasta el Corcovado, el morro (así se llama a las colinas en Brasil) donde se erige el Cristo, es una experiencia que ningún viajero debe dejar escapar. Desde sus 710 metros de altura podremos fijar en nuestra retina las playas de Ipanema y Copacabana, los centros neurálgicos de la ciudad y la vista de la bahía donde Río nació con el nombre de Sao Sebastiao do Rio de Janeiro. Para acceder al Cristo es necesario montar en un tren cremallera que sale cada 20 minutos desde la Rua Cosme Velho, 513. El precio es de 36 reales (unos 12 euros al cambio). Además, en el trayecto atravesamos el Parque de Corcovado, que rodea al monte del mismo nombre y está formado por vegetación Atlántica. Ojo a la mitad del camino: el tren se parará y veremos surgir de entre esta “selva” una pequeña “urbanización” en la que viven cariocas. Es recomendable elegir un día soleado y claro para visitar una de las siete nuevas maravillas del mundo, emblema de Río de Janeiro.
Por su parte, el Pan de Azúcar (Pao de Açúcar) es el segundo referente turísticos de la ciudad y en sus algo más de 300 metros de altura hallaremos una babel de idiomas, excepto el portugués. Para ascender al mismo hay que usar dos tramos de teleférico (ya que se compone de dos cerros separados entre sí algunos metros) que tiene 97 años de vida y cuyas cabinas han sido cambiadas recientemente por otras modernas y automatizadas. El Pan de Azúcar también está circundado por un parque natural en el que abunda la vegetación tropical. Además, no es raro ver a escaladores intentando subir a la cima. El punto más alto es una atalaya privilegiada para observar en toda su plenitud la bahía de Guanabara y la playa de Copacabana. Como en el caso del Cristo, las vistas se merecen un sobresaliente.
Otra zona propicia para el souvenir es el estadio de Maracaná. Fue el de mayor capacidad en su día, construido explícitamente para la celebración del Mundial de Fútbol de 1950 y que actualmente da cabida a 114.145 espectadores, todos sentados. La entrada para visitar el estadio cuesta 20 reales (un poco más de 6 euros) y nos permitirá pisar la “avenida” de la fama futbolística: una plataforma en la que los más importantes jugadores que ha parido Brasil tienen su hueco. La inmensidad del estadio refleja la pasión que los brasileños sienten por este deporte, tanto que no dudan en pagar 150 reales (50 euros al cambio) por conseguir un asiento fijo para ver a sus equipos favoritos (los que no se pueden reservar cuestan 40 reales, unos 13 euros).
El viaje podría seguir (porque acabar con Río es como querer desviar el curso del Ebro a paladas) en el Sambódromo. Es una construcción un tanto decepcionante y sosa… cuando está vacía. En este recinto de 700 metros de largo es donde las escuelas de samba realizan el desfile durante los Carnavales. A lo largo del año preparan sus trajes y la organización de su paseo por este casi kilómetro, donde se juegan ser reconocidos como la mejor comparsa. Recuerda, salvando las distancias, a la preparación de la Semana Santa que muchas cofradías llevan a cabo durante doce meses. En ésta última se exalta la fe; en la primera, la diversión. Es uno de los días clave en los que se concentra el color y la fiesta de Río.
La Garota de Ipanema
Este es el título de una de las canciones más famosas de bossa nova, compuesta en 1962 por Antonio Carlos Jobim y cuya letra creó Vinícius de Moraes. La historia cuenta que en el barrio de Ipanema vivía una carioca bellísima de 18 años que pasaba todos los días, camino de la playa, cerca del bar Veloso (que aún hoy sigue funcionando), donde levantaba las pasiones de los presentes. Por supuesto, en este bar estaban Jobim y Moraes, que inspirados, crearon la canción en su honor.
En la composición se habla de esta joven como un ejemplo del biotipo carioca, pero también se tiene presente que la belleza no es propiedad nuestra, sino un don natural que pasa con el tiempo, igual que la chica se dirige a la playa.
Datos útiles
Moneda. En Brasil la moneda de uso corriente es el Real, que mantiene un cambio más o menos estable con respecto al Euro y el Dólar. Aproximadamente, se puede decir que un euro equivale a tres reales. Además, podemos viajar a Río de Janeiro con Euros y cambiarlos en el aeropuerto o en las casas de cambio distribuidas por la ciudad. Los hoteles también nos pueden proporcionar reales, aunque a un tipo menos favorable por las comisiones que cobran.
Coste de la vida. Aunque esta es una variable que cambia con la evolución económica del país, en la actualidad Río de Janeiro no es excesivamente caro. Aunque hay que tener en cuenta que en las zonas turísticas siempre aprovecharán para encarecer los productos. Sin embargo, en los lugares donde se mueven los cariocas, los precios son bastante baratos para un europeo. En Río de Janeiro un policía cobra unos 1.000 reales al mes (cerca de 300 euros). Por su lado, el salario mínimo en Brasil es de 465 reales (155 euros).
Diferencia horaria. La ciudad de Río tiene una diferencia horaria con respecto a Europa de cinco horas en verano y cuatro en invierno.
Estaciones. Cuando viajemos a Río hay que tener en cuenta que nos desplazamos al Hemisferio Sur, donde las estaciones son al contrario que en el Norte. Por ello, el verano en Río de Janeiro se desarrolla entre los meses de noviembre a marzo. A pesar de todo, las temperaturas en esta ciudad suelen bajar pocas veces de los 20 grados.
Seguridad. Las zonas turísticas de Río son seguras. Conviene seguir algunos consejos, comunes para cualquier ciudad del mundo, como llevar encima el dinero justo que vayamos a usar cada día, no portar documentación como el Pasaporte (usar copias del mismo), utilizar las cajas fuertes de las habitaciones en los hoteles para guardar las pertenencias más valiosas y no descuidar en ningún momento el bolso. En la playa es aconsejable llevar lo mínimo posible.
Cómo llegar
En avión. Desde España Iberia es la única que cuenta con vuelos directos a Rio de Janeiro, aunque sus precios son bastante caros.
Otra opción es realizar escala en Buenos Aires y desde allí llegar a Río. Es un viaje largo, pero nos saldrá más barato. La combinación se puede realizar con Aerolíneas Argentinas. Una vez en la capital Argentina podremos volar hasta la “Ciudad Maravillosa” en un avión de la compañía TAM.
Otra posibilidad es volar a Río de Janeiro vía París con Air France y una vez en Francia tomar un vuelo de TAM con destino la ciudad carioca.

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