domingo, 13 de junio de 2010

De repente. África


De repente. África

Para todos aquellos que nunca han abandonado en viejo continente se llevarán una gran sorpresa al visitar a nuestros vecinos del Sur, a pesar de la proximidad nos encontraremos de repente en otro mundo.

Barajas 18.30. Con la ultima luz de la tarde llegamos a Barajas, la megafonía avisa a los pasajeros de consejos e indicaciones en varios idiomas, Miles de carteles multilingües pueblan todos los rincones. Tiendas, perros enjaulados, señora con pamela, un surfista arrastrando sus 7,5 pies de tabla en un carrito, niños corriendo con sus zapatillas con ruedas…

19.30 Llega momento ING: checking para boarding por el finger.
Sin retraso nuestro pequeño Airbus A320 corre por la pista y despega dirección a Marrakech.

20.30 Sobrevolando la península, la noche no tiene luna y los pueblos y ciudades se ven desde la altura como constelaciones de diferentes tamaños, cientos de pequeñas culebrillas brillantes serpentean con miles de microscópicos vehículos.

A las 21.00 reconocemos el borde de la península, con las últimas luces de la costa de Cádiz. Luego negro y en seguida de nuevo pequeñas luces, ahora marroquíes.

Apenas 40 kms de estrecho, pero todo ha cambiado. Las luces son de un brillo más blanco, mas como el fluorescente de la cocina. Menos luces, pero más intensas. Las constelaciones son cada vez mas pequeñas y aisladas. Las culebrillas brillantes se han extinguido.

21.15 Todo negro, excepto las estrellas del cielo, que parecen haberse multiplicado por mil. (milyuna). La azafata nos da un papelito para que rellenemos e indiquemos porque viajamos a Marruecos y cual es nuestra profesión.

21.30 la megafonía ya no dice nada en español, me parece entender algo en francés. Un olor a pachuli inunda la cabina. Las mujeres marroquís se perfuman y se colocan el pelo, algunas se pintan: estamos llegando.

22.00 Al fin luces. Vamos descendiendo a lo que parece una pista de aterrizaje con las indicaciones imprescindibles. En dos saltitos tomamos tierra con los aplausos nerviosos de los pasajeros.

Para el avión y descendemos, no hay ni un ing, ni siquiera finger. Desde el avíon descendemos a la pista directamente, todas las letras son árabes y en la oscuridad avanzamos hasta llegar el edificio del aeropuerto de La Menara. Ya interior del aeropuerto y encontrarnos con La Cola.

La cola es enorme, no sabemos para que es, pero nos colocamos en ella con los demás que van llegando (andando) después de desembarcar de otros vuelos. Una hora después vislumbramos un cartel al fondo que indica un puesto de control de pasaportes.

La luz es tenue y blanquecina llena la estancia, no hay apenas carteles, ni megafonía, las chilabas por todas partes. Nos miramos y nos damos cuenta que somos los únicos guiris. Alguien nos señala un acceso para ciudadanos UE, desierto. (Toda la cola para nada)



Pasamos el control y salimos al exterior. se respira un calor seco en la oscuridad plena. Miro a mi compañero. En un momento nos quedamos solos, sin más luz que el tenue destello del aeropuerto y las estrellas. Nos damos cuenta que decenas de ojos nos miran a pocos metros.

Al acercarse vimos que eran taxistas ofreciéndonos sus servicios. Ya de camino a la ciudad nos damos cuenta que estamos en África, a tan sólo tres horas de nuestra casa.

De http://www.traveltu.com/
Texto: Miguel Angel Benito

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