martes, 29 de junio de 2010

kallawayas: médicos de Los Andes

       
   No vamos a hablar del chamanismo en su vertiente mágico-religiosa o médica en general. Me gustaría dedicar especialmente estas  líneas a unos seres extraordinarios que pertenecen al gran pueblo aymara, y que practican su milenaria ciencia sobre la medicina natural o tradicional de tal manera que constituyen un ejemplo maravilloso de solidaridad y eficacia. Se trata de los Kallawayas.



    Como Kallawayas son conocidos algunos “chamanes” que viven especialmente en los entornos altiplánicos del Lago Titicaca, de cuyas profundas y frías aguas surgieron algunas de las mejores culturas amerindias; la tarea de estos magníficos hombres aymaras que han heredado  lo mejor de su antigua y rica civilización, destacan entre sus conocimientos heredados el de la farmacia natural, que desarrollaron especialmente para beneficiar a cuantas personas que necesitaran de su ciencia. Los kallawayas ejercen su ciencia no tan solo en sus comunidades de origen sino que peregrinan durante largo tiempo, en ocasiones, por otras comunidades para que mucha más gente pueda acogerse a los beneficios de estos conocimeintos médicos, curando enfermedades y asistiendo con sus consejos otros problemas de índole espiritual o social.  La asistencia que realizan los kallawayas está impregnada de solidaridad pues sus servicios son prestados gratuitamente, recibiendo a cambio nada más que cobijo y alimentos. 
  
    En la región antiguamente conocida como el Kollasuyu, la tierra de la medicina, las prácticas tradicionales todavía tienen mucho más vigencia que la medicina occidental. El 70% de los bolivianos, especialmente en las áreas rurales, primero buscan al “curandero” y toman la medicina occidental como último recurso. Esto se debe a varias causas: la medicina occidental, incluyendo sus remedios es cara, los médicos solo hablan en castellano y en general tienen poco respeto por la cultura indígena.
       
    Los viajes continuos que los kallawayas han hecho por Sudamérica les ha dado acceso al conocimiento de un número enorme de hierbas. Se estima que cada uno de ellos tiene información sobre 300 hierbas y que los más capacitados conocen el uso de hasta 600 hierbas. En total han acumulado conocimientos sobre unas 1.000 hierbas. Además estos continuos desplazamientos hacia nuevos territorios les ha servido para tener una idea mucho más amplia y universal de la diversidad cultural amerindia, encontrando con ello los lazos comunes  que las unen entre sí y utilizando estos factores culturales para mejorar la  aplicación y los resultados  de sus conocimientos médicos.


    Los kallawayas siempre han reconocido las limitaciones de sus habilidades curativas, ellos nunca tratan de curar enfermedades hereditarias ni enfermedades terminales. Tienen su propio lenguaje derivado del quechua, conservándolo impecablemente a pesar de que el propio quechua corre peligro por la disminución de parlantes.


    Los conocimientos de los kallawayas se transmiten de padres a hijos a través de generaciones, aunque tambien se pasan a otros aprendices que carecen de antecedentes familiares. En principio cada aprendiz tenía que estudiar entre ocho y diez años y hacer valer sus conocimientos ante un tribunal o consejo comunitario. Después, una vez iniciados, viajaban durante temporadas largas  para recoger hierbas y curar a sus primeros enfermos, el resto del año cultivaban la tierra. Tradicionalmente no se permite a las mujeres ser kallawayas en el sentido más amplio pero juegan un papel importante en la recolección de las hierbas, ejerciendo como comadronas o parteras y asistiendo a las mujeres como curanderas en todos los asuntos relacionados con el sistema reproductivo, embarazos y abortos.

    Una institución tan importante como es la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha empezado a fomentar recientemente la medicina natural a nivel mundial como reconocimiento oficial de esta práctica básica para la salud. Pero oscurantistas los hay en todas las trincheras y aún muchos médicos asocian la medicina tradicional con la brujería negándose a reconocer su contribución a la farmacopea como una ciencia herbolaria bien desarrollada y estudiada.

    Juan Villa un conocido y antiguo kallawaya que vive en La Paz y que cuenta con más de cincuenta años de experiencia recogiendo hierbas y curando enfermos dice que no existe ninguna brujería.-“ nosotros aprendemos sobre las hierbas desde los siete años, el lugar donde crecen, la manera de recolectarlas, como conservarlas y el lugar donde hacerlo. Sabemos curar enfermedades comunes pero importantes como el reumatismo, males de vesícula, diarreas y enfermedades del viento y de los relámpagos”.

    En Bolivia cada pueblo o comunidad tiene un herbolario y saben que plantas o hierbas se pueden usar con propósitos médicos. La medicina tradicional es parte integral de la cultura y responde a sus valores o creencias, aunque con el paso del tiempo ciertos elementos de la medicina occidental se han ido incorporando.


    La medicina tradicional toma en cuenta la percepción que el paciente tiene de su enfermedad y considera importante el estado anímico al escoger el remedio. Muchos seguidores de la medicina occidental están dispuestos a reconocer que el 25 o el 30 por ciento de las hierbas utilizadas en la medicina tradicional son tan efectivas como los fármacos, pero la mayoría no comprende el uso del ritual, la magia y los amuletos en el repertorio del kallawaya. Estos últimos, por otra parte, sostienen que muchas veces las enfermedades del cuerpo tienen su origen en el alma y en la salida del “ajayu” o fuerza de la vida del cuerpo. La tarea del kallawaya es convencer al “ajayu” de que regrese al cuerpo y restaure el equilibrio de cuerpo-mente-siquis. De igual importancia es el equilibrio entre la persona, el mundo natural y el mundo sobrenatural. La filosofía médica de los aymaras está basada en infundir la confianza al paciente estableciendo un diálogo profundo con él para ablandar la resistencia sicológica y purificarle.
       
    La medicina tradicional tiene mucho que aportar y enseñar a la medicina occidental, que frecuentemente está deshumanizada. El énfasis que los kallawayas ponen en el equilibrio síquico-biológico-social entre el paciente y el doctor/curandero puede llegar a desarrollar una medicina que realmente se vincule a las necesidades y realidades de las mujeres y hombres de los Andes.

De http://www.traveltu.com/
Texto: Esteban Galera
Texto: Hernan Paz

domingo, 20 de junio de 2010

En busca de la Piedra Escrita de Cenicientos

En busca de  la Piedra Escrita de Cenicientos


La información escasa y confusa. Aun así nos aventuramos en la búsqueda de los restos romanos que se encuentran en la villa madrileña de Cenicientos.


Nuestra meta era encontrar un lugar donde se levanta una roca de unos 3 metros de alto donde están talladas tres figuras al parecer pertenecientes a la época romana (siglo II d.C.). Hay quien sugiere incluso a que pertenece a los anteriores moradores de estas tierras, Los Vettones, como un lugar de culto funerario.



Llegamos al pueblo a primera hora de la mañana y preguntamos en una cooperativa de vino en la entrada del pueblo. El encargado nos condujo al interior de las instalaciones y nos mostró las diferentes variedades. Rápidamente nos dimos cuenta que en la etiqueta de las botellas tenía el denominativo de “Piedra escrita” y aparecía un dibujos de nuestro buscado megalito. Nos dio algunas indicaciones y volvimos al coche en busca de nuestro objetivo.

A la tercera cogimos la carretera buena y siguiendo las pistas del bodeguero aparcamos el coche para continuar a pié.



El camino entre viñedos y frutales nos llevo ante una imponente puerta negra de metal, cerrada con una cadena y un candado. Nos miramos y ambos vimos la misma interrogación dibujada encima de nuestras cabezas. Saltamos por uno de los bordes del camino y a partir de aquí improvisamos la ruta en la dirección que nos parecía más lógica.



Pronto la hierba se convirtió en matorrales, que a su vez dieron paso un frondoso campo donde la maleza nos llegaba a la cintura, jadeamos un río, atravesamos una zona pantanosa, repletas de ortigas y zarzales que nos recordó que llevábamos pantalones cortos. Después de cruzar un viñedo interminable divisamos la roca.

 

Cuando al fin estábamos delante de ella apenas se veía unas rugosidades en la piedra dentro de lo que parecía un escudo: que gran decepción. Pero fue al retirarnos hacia atrás unos metros cuando pudimos ver con claridad las formas de tres figuras, tres mujeres, se puedía distinguir perfectamente incluso los pliegues de las túnicas y una breve inscripción en la que parece leerse (con mucha imaginación) “las tres Marías”. 





Al parece, aquí debería haber una asentamiento romano de cierta importancia lo que nos sugiere pensar, mas que un lugar de culto funerario, en una muestra arte urbano romano.

domingo, 13 de junio de 2010

De repente. África


De repente. África

Para todos aquellos que nunca han abandonado en viejo continente se llevarán una gran sorpresa al visitar a nuestros vecinos del Sur, a pesar de la proximidad nos encontraremos de repente en otro mundo.

Barajas 18.30. Con la ultima luz de la tarde llegamos a Barajas, la megafonía avisa a los pasajeros de consejos e indicaciones en varios idiomas, Miles de carteles multilingües pueblan todos los rincones. Tiendas, perros enjaulados, señora con pamela, un surfista arrastrando sus 7,5 pies de tabla en un carrito, niños corriendo con sus zapatillas con ruedas…

19.30 Llega momento ING: checking para boarding por el finger.
Sin retraso nuestro pequeño Airbus A320 corre por la pista y despega dirección a Marrakech.

20.30 Sobrevolando la península, la noche no tiene luna y los pueblos y ciudades se ven desde la altura como constelaciones de diferentes tamaños, cientos de pequeñas culebrillas brillantes serpentean con miles de microscópicos vehículos.

A las 21.00 reconocemos el borde de la península, con las últimas luces de la costa de Cádiz. Luego negro y en seguida de nuevo pequeñas luces, ahora marroquíes.

Apenas 40 kms de estrecho, pero todo ha cambiado. Las luces son de un brillo más blanco, mas como el fluorescente de la cocina. Menos luces, pero más intensas. Las constelaciones son cada vez mas pequeñas y aisladas. Las culebrillas brillantes se han extinguido.

21.15 Todo negro, excepto las estrellas del cielo, que parecen haberse multiplicado por mil. (milyuna). La azafata nos da un papelito para que rellenemos e indiquemos porque viajamos a Marruecos y cual es nuestra profesión.

21.30 la megafonía ya no dice nada en español, me parece entender algo en francés. Un olor a pachuli inunda la cabina. Las mujeres marroquís se perfuman y se colocan el pelo, algunas se pintan: estamos llegando.

22.00 Al fin luces. Vamos descendiendo a lo que parece una pista de aterrizaje con las indicaciones imprescindibles. En dos saltitos tomamos tierra con los aplausos nerviosos de los pasajeros.

Para el avión y descendemos, no hay ni un ing, ni siquiera finger. Desde el avíon descendemos a la pista directamente, todas las letras son árabes y en la oscuridad avanzamos hasta llegar el edificio del aeropuerto de La Menara. Ya interior del aeropuerto y encontrarnos con La Cola.

La cola es enorme, no sabemos para que es, pero nos colocamos en ella con los demás que van llegando (andando) después de desembarcar de otros vuelos. Una hora después vislumbramos un cartel al fondo que indica un puesto de control de pasaportes.

La luz es tenue y blanquecina llena la estancia, no hay apenas carteles, ni megafonía, las chilabas por todas partes. Nos miramos y nos damos cuenta que somos los únicos guiris. Alguien nos señala un acceso para ciudadanos UE, desierto. (Toda la cola para nada)



Pasamos el control y salimos al exterior. se respira un calor seco en la oscuridad plena. Miro a mi compañero. En un momento nos quedamos solos, sin más luz que el tenue destello del aeropuerto y las estrellas. Nos damos cuenta que decenas de ojos nos miran a pocos metros.

Al acercarse vimos que eran taxistas ofreciéndonos sus servicios. Ya de camino a la ciudad nos damos cuenta que estamos en África, a tan sólo tres horas de nuestra casa.

De http://www.traveltu.com/
Texto: Miguel Angel Benito

martes, 8 de junio de 2010

La Mama Negra. Una buena buena lección sobre el mestizaje


Ecuador, ese gran pequeño país indígena, criollo, mestizo, negro…, despliega un largo calendario festivo a través del cual se expresan la multitud de culturas que conviven dentro sus límites geográficos. Muchas de las fiestas conservan un profundo arraigo y  pureza muy cercanos a los orígenes históricos o de la tradición cultural, especialmente aquellas que celebran algunas comunidades indígenas que mantienen con vigor su identidad étnica. Sin embargo, hoy en día, casi todas las tradiciones del folklóre festivo ecuatoriano presentan rasgos mestizos, incluso algunas de las más puras, pero este fenómeno ha enriquecido las formas y los contenidos.
La Fiesta de la Mama Negra que se celebra en la ciudad andina de Latacunga es la muestra más bella de mestizaje y simbiosis entre las numerosas  culturas que se dieron cita a lo largo de la historia ecuatoriana. La magnitud de ésta fiesta es tan grande porque constituye uno de los documentos folklóricos vivos más impresionante del mestizaje cultural de todo Latinoamérica. Su importancia y fama ha roto las fronteras latinoamericanas.
Los latacungueños discuten, a veces con pasión, sobre las diferentes teorías que existen a cerca del origen de la Mama Negra, pero lo cierto es que es difícil y confuso atribuir a una sola fuente un caudal tan rico formado por la suma de diferentes culturas tributarias. Lo probado es que a lo largo de los siglos se han ido encontrando entre sí tradiciones folklóricas procedentes de grupos étnicos oriundos y de otros foráneos que por diferentes causas confluyeron en la región. Así pues, la Mama Negra es indígena, africana e hispana y en esta trilogía radica la riqueza de su contenido expresado en la variedad de  personajes, atuendos, máscaras, danzas, comparsas, ritmos, canciones, comidas, bebidas y espectáculo que dan vida y realidad a esta fiesta que no es otra cosa que una gigantesca y maravillosa farsa o tragicomedia protagonizada por todo un pueblo.
El referente de las aportaciones de origen  indígena a la fiesta no hay que buscarlo en un solo grupo étnico, pues aparte de la riqueza indiscutible del folklore indígena propio de la región de Cotopaxi, cuya capital es Latacunga, otros pueblos indoamericanos llegaron a la zona, se establecieron, se mezclaron y aportaron sus tradiciones culturales. Durante la expansión imperial de los incas llegaron diversos grupos étnicos procedentes de Perú, Bolivia  y de otras regiones de Ecuador que fueron traídos como mitimaes para trabajar en los sistemas de cultivos y producción propios del incario. Más tarde, ya en plena época de conquista española, arribaron otros grupos indígenas, incluso mayas de centroamérica, que fueron transportados como esclavos desde Guatemala hasta Ecuador por Pedro de Alvarado, cuando en 1.534 intentó conquistar el reino de Quito. El resultado de todo esto es un mosaíco de tradiciones quechuas, quichuas, aymaras y mayas las que se abrazan en el componente indígena de la fiesta de la Mama Negra. 
Las tradiciones propias de los negros africanos llegaron motivadas por dos circunstancias. El rey de España Fernando de Aragón y Castilla permitió la importación de esclavos negros al continente americano en 1.501. Durante 1.534 Pedro de Alvarado en la misma aventura conquistadora frustrada en la que introdujo a los mayas, tambien transportó una cantidad importante de población negra para satisfacer la demanda de esclavos. Estos hechos explican la presencia de comunidades de origen africano en Ecuador y aunque estas se concentren principalmente en la costa septentrional tambien se extendieron por el resto del país como consecuencia de las necesidades de esclavos que tuvieran en una u otra región los latifundistas españoles o criollos. La influencia del folklore de los negros tuvo que ser tan importante que la Mama Negra es, eso precisamente, negra.
En 1.534, coincidiendo con el declive del imperio inca y los enfrentamientos entre Huascar y Atahualpa, llegaron los españoles que aprovecharon las circunstancias para vencer, conquistar y adueñarse por la fuerza de los que nunca les había pertenecido. Con ellos comienza otra fase de la historia de América caracterizada, entre otras cosas, por la introducción de la cultura europea, más exactamente española y la evangelización cristiana y/o católica.  Durante la  colonización, a comienzos del siglo del siglo XVII, el Asiento de San Vicente Mártir de Latacunga cobró gran auge y muchos españoles se radicaron allí atraídos por el descubrimiento de yacimientos de oro y plata, como consecuencia de las explotaciones  mineras  fueron traídos esclavos negros para trabajar en ellas, mientras que los nativos fueron preferidos para faenas agrícolas y ganaderas. Los españoles introducen sus tradiciones festivas y muy especialmente aquellas estrechamente ligadas con la religión y el santoral católico en el afán de imponer esta fe a los indígenas como mejor receta para lograr sus propósitos de desarraigarlos y quebrarlos culturalmente  para poder ejercer de manera más fácil su dominio. La cultura colonizadora no intentó asimilar nada de la cultura autóctona, sino todo lo contrario, trató de destruirla y de anatemizarla por hereje y pagana; fueron los indígenas los que  en su sabio hacer por la supervivencia sincretizaron  lo cristiano disfrazando sus creencias con la liturgia católica.
Ya tenemos ensamblados los elementos precisos para que se produzca el mestizaje en la fiesta de la Mama Negra, lo indígena, lo africano y lo español ya solo queda que aparezca la escusa que diera a luz tan fabulosa fiesta folklórica. Esto sucedió en 1.742, cuando el Cotopaxi entró en erupción y los habitantes de estos territorios buscaron ayuda y refugio en la Virgen de la Merced, que había sido proclamada abogada y patrona del volcán, jurando celebrar fiestas de toros y comedias  en señal de agradecimiento por los favores recibidos ante las iras de la montaña de fuego. La celebración de estas fiestas en las que ya se habían introducido elementos religiosos fueron pergueñando las figuras y los personajes que habrían de protagonizar en el transcurso del tiempo la gran comedia o “ballet” que sería la Mama Negra, que ya desde entonces comenzó a tomar la estructura dramática del Auto Sacramental de inequívoca influencia española.

En el año 1.948 apareció una crónica antigua que informaba sobre un hombre que quiso ser Prioste mayor de la fiesta y que habiéndolo conseguido, llegado el día, no asumió las responsabilidades derivadas del cargo, ni pagó los derechos de la iglesia, ni engalanó los altares, ni dio de comer y beber a los invitado. Durante la noche se le apareció el demonio bajo la apariencia de una mujer negra  con su hijo en brazos, felicitándolo por no haber cumplido con las obligaciones de un buen Prioste. Este hombre negligente contó  su experiencia con la aparición del demonio a los que habrían de sucederle en el cargo para organizar la siguiente fiesta y estos, por temor, organizaron una magnífica fiesta con grandes medios, en la procesión de la Virgen situaron entre el cortejo de disfrazados un nuevo personaje que se convirtió en el principal: un hombre disfrazado de mujer negra que montado a caballo hacía bailar un muñeco que llevaba en brazos. 


Otra teoría establece el origen principal de La Mama Negra en las fiestas que organizaron los negros para celebrar su liberación de la condición de esclavos durante la presidencia de Urbina. Algunos tratan de refutar esta teoría remitiéndose a los escritos del cronista de América el Licenciado Briviescas, cuando este cita en sus “Relaciones al Rey de España” a una comparsa de indígenas de “tiznados” (con el rostro tiznado de negro) que participaba en grandes fiestas. El criterio más aceptado sobre el origen de la Mama Negra es que esta figura recuerda la llegada de una caravana de esclavos negros que pasaron por el asentamiento de Latacunga cuando iban hacia las minas de Sarapullo, aunque fueron los indígenas los que inicialmente promocionaron al personaje en las fiestas.
Sobre las diversas fuentes investigadas y las hipótesis extraídas de ellas podemos concluir afirmando que la Mama Negra es un fenómeno absolutamente mestizo en el que confluyeron tradiciones culturales de muy diversa índole y que ha llegado a convertirse por su extraordinaria fuerza expresiva en una manifestación folklórica y cultural de primera magnitud.  La Mama Negra es indígena por los cuatro costados en las danzas y máscaras, es negra por la incorporación de las tradiciones traídas a esta región  por los africanos y que manifestaron libremente cuando dejaron de ser esclavos creando grupos de disfrazados a través de los cuales expresaban su condición e historia en las fiestas y por último es española principalmente por su estructura de Auto Sacramental y por la incorporación de personajes que fueron decisivos en la composición de esta fiesta. La sociedad criolla postespañola tambien está vinculada a la evolución de La Mama Negra a través de la participación de la aristocracia latacungueña en las figuras del Prioste Mayor y del Capitán, otro de los personajes claves de la fiesta-comedia.  Con el tiempo la aristocracia criolla de Latacunga se ha hecho con las riendas de esta fiesta utilizándola en ocasiones como plataforma política y de poder para los cargos locales y empresarios, ganaderos o latifundistas prósperos.

LOS PERSONAJES DE LA GRAN FARSA DE LA MAMA NEGRA                                 
 La Mama Negra es la figura central de esta fiesta y va cabalgando ataviada con ricos ropajes típicos y coloristas compuestos de grandes faldones, blusa bordada ricamente, adornos y hermosos pañolones que le cambian dos asistentes en cada esquina del recorrido, mientras que una tercera persona porta un maletín lleno con una gama completa de colores y modelos de estas prendas. En las alforjas del caballo van introducidos dos muñecos negros que representan a los hijos de Mama Negra que en sus brazos lleva a la hija menor que hace bailar con gestos picarescos, de vez en cuando Mama Negra aprieta un “chispero” lleno con leche y agua que moja a los boquiabietos espectadores. La Negra es guiada por el negro Trotafrenos y el caballo es seleccionado cuidadosamente pues tiene que dominar el espantarse ante el enorme bullicio del gentío, los fuegos artificiales y las estruendosas bandas de música.

El Angel de la Estrella, otra de  las principales figuras, va vestido de blanco, con grandes alas en la espalda y corona en la cabeza, porta en la mano derecha un cetro y cabalga sobre un engalanado corcel blanco. Durante algunos momentos recita loas en alabanza a la Virgen de La Merced y al Capitán. El Angel es un personaje incorporado sin duda por la tradición religiosa de los españoles y representa al Arcángel San Gabriel que se convierte en el protector del Prioste Mayor de la fiesta cuyo bienestar debe guardar para en buen término de la celebración.

El Rey Moro se incorporó posteriormente a la comparsa original con un origen controvertido. Según algunos estudiosos afirman es una figura de origen español que representa a Boadhil, el rey que perdió Granada y que por cierto tenía una esposa negra, incorpora a la fiesta la tradición oriental. Otros estudiosos afirman que esta figura representa a los Jacho de Tacunga, legendarios gobernantes de estas tierras, cuya indumentaria es recordada por los vestidos del Rey Moro.
El Abanderado es otro de los personajes importantes que desfila con su grupo de soldados. Originalmente llevaba tres banderas, la española, la de los encomenderos y la del arco iris que fue usada desde épocas remotas por grupos indígenas como los Tacunga, Sigchos y otros. Actualmente solo porta la bandera indígena del arco iris, con ella el Abanderado realiza con gracia y energía una serie de movimientos conocidos como los “mil guaraguas”. Esta ceremonia presenta similitudes entre la tradición española y la nativa ya que exhibiciones como esta fueron utilizadas por ambas partes sin influencias y con fines similares.

El Capitán  es el último de los principales personajes, va vestido con uniforme militar de época y representa al Prioste Mayor. Desfila llevando la espada sobre el hombro encabezando una pequeña tropa de soldados que disparan sus escopetas de cuando en cuando. Esta escena puede estar relacionada con las autoridades que gobernaron en época colonial, corregidores y alcaldes. Hay teorías que relacionan al Capitán con el mando del ejército que colaboró en la liberación de los esclavos negros.
Entre la comparsa hay una serie de personajes menores pero de gran importancia en la fiesta:  Los Engastadores que dan vida a  los grandes sacerdotes y nobles del imperio Tacunga y que ejercieron una influencia fuerte durante la administración inca debido a la amistad del Jacho Tuconango debido a su amistad con Huayna Capac, a estos personajes se les atribuye el ser embajadores entre los dioses menores y la gente. Los Yumbos son otros personajes legendarios de remotas épocas que ya fueron incorporados al folklore indígena por los Jachos o antiguos gobernantes recogiendo viejos cantos y danzas tribales, Yumbu en chimú, puquina, quichua o aymará quiere decir bailarín o danzante, los Yumbos van vestidos de indígenas del oriente, puesto que este es su origen y portan lanzas de chonta y plumas de papagayo. Las Ofrendas son un grupo de mujeres que dirige la mujer del Capitán, van vestidas de “cholas” y portan cestas con flores, frutas, confituras, licores, etc. y ofrecen estos manjares a la gente durante el desfile. Los Loeros son unos personajes especialmente simpáticos que visten con blusones de llamativos colores y la cara tiznada de negro recordando a los esclavos, desfilan con comicidad recitando loas de carácter popular, llevan botellas con aguardientes y mistelas para invitar y brindar. Los Champuceros tambien representan a los negros y llevan un gran balde con el “champuz”,  bebida compuesta con harina de maíz  pimienta dulce, canela y especies, la mezcla es vertida sobre los espectadores molestos e invitan a beberla a los más respetables. Los Ashangas, que antiguamente eran considerados esposos de la Mama Negra portan sobre la espalda una enorme cesta cargada con un cerdo entero asado, pollos, cuys, y abundantes viandas y bebidas para ser consumidas durante la fiesta, tienen que ser personas fornidas necesariamente que se preparan tres meses antes con dietas especiales para soportar el peso que portean en la celebración, a pesar de ello tienen que ser ayudados por otra persona que traslada una mesa para que el ashanguero apoye su peso para descansar durante las paradas. Los Camisonas son otro de los personaje más cómicos de la comparsa que siendo hombres  visten amplios vestidos transparentes con vivos colores y llevan pelucas de mujer, en la mano llevan un látigo para azotar a los espectadores con el fin de despejar el camino a las comparsas pero también reparten caramelos a los niños; los Camisonas representan, al mismo tiempo que denuncian, a las antiguas damas de la época colonial por el mal trato que dieron a los negros y a los criados en general. Los Huacos son unos personajes que llaman poderosamente la atención en la comitiva, Huaco o Huaconi en puquina o aymará significa el abrazador o acariciador y por su origen son figuras legendarias que se remontan a la época del incario cuando el gobierno del Tawantisuyu pasó a manos de Atahualpa y para celebrarlo preparó una gran ceremonia y el organizador inventó una comparsa de Huacos. Huascar urdió un plan para acabar con la vida de su hermano Atahualpa y envió a un grupo de guerreros para cumplir los planes fatricidas, mientras se celebraba la ceremonia y los huacos demostraban el afecto al inca con simulacros de abrazos y caricias, los guerreros de Huascar disfrazados de Yumbos se lanzaron contra Atahualpa para darle muerte, entonces los Huacos pelearon con gran valor en defensa de su emperador hasta terminar con el enemigo. En agradecimiento Atahualpa nombró a la comparsa de los Huacos escolta oficial y siempre le acompañaron en durante la guerra contra Huascar. Finalmente los Huacos lucharon junto a Atahualpa en Cajamarca dando la vida para evitar que este fuera capturado por los conquistadores españoles dirigidos por Pizarro. Actualmente los Huacos participan en la fiesta de la Mama Negra vestidos de blanco con una mascara pintada a rayas de colores, en la espalda llevan una especie de escudo atado con diversas figuras simbólicas y ornamentales, en la mano llevan lanzas de chonta y cuernos de venado con cascabeles que pasan por el cuerpo de los espectadores con el objeto de limpiarlos de enfermedades y de los demonios maléficos mientras invocan en voz alta a las deidades de los volcanes ecuatorianos. Al frente de toda esta fantástica comitiva marchan los Volateros tirando cohetes en cada esquina, siendo unos extraordinarios pirotécnicos.

LA CEREMONIA DE LA MAMA NEGRA
A primera hora de la mañana, en una gran avenida de las afueras de Latacunga ya están  las gradas instaladas para la ocasión repletas de gente engalanada con trajes tradicionales, parece como si de ellas descendiera una cascada de color. Por las calles de la ciudad se mueve un verdadero río humano, mientras la música y los cohetes ponen la nota del sonido a una sinfonía que desborda el ambiente festivo. Se va a producir de inmediato la primera salida de la Mama Negra para realizar el acto de toma de posesión de su mandato anual, tomando el relevo a su predecesor del anterior año. La ceremonia será un solemne acto en el que también participan tomando el relevo de sus cargos los demás personajes principales. Comienza el Auto Sacramental de la Santísima Tragedia de la Mama Negra.
A partir de este momento los desfiles de las comparsas toman el protagonismo en el escenario y una tras otra desfilan sin descanso bailando con los ritmos que crean las bandas de músicos que no cesan de hacer sonar los instrumentos musicales. Las comunidades indígenas que han llagado desde los páramos andinos ponen el acento colorista étnico más puro y las escuelas, asociaciones, peñas, grupos, todos acuden ataviados con  exóticos vestidos, máscaras, disfraces disparatados y surreales a poner su grano de arena en este simpar carrusel de la vida. Es impresionante comprobar la existencia de este gigantesco teatro con miles de actores que constituye un verdadero teatro del pueblo que hace rebosar generosamente su patrimonio cultural heredado a través de siglos de tradiciones que han sobrevivido en el tiempo. La historia, las leyendas, las alegrías y los sufrimientos de los pueblos que las han protagonizado están vivas y latentes en el gran escenario de la ciudad de Latacunga. La Mama Negra nos demuestra, en una mágica ceremonia destinada a interpretar la vida de diferentes pueblos,  como el mestizaje de las expresiones populares son capaces de crear fenómenos mucho más bellos y ricos que los que proceden del exclusivismo cultural.
Si algo nos enseña este acontecimiento latacungueño es la enorme capacidad que han tenido los pueblos latinoamericanos de mantener viva su historia al mismo tiempo que sincretizaban y mezclaban las tradiciones de otros pueblos que de una manera u otra llegaron a sus tierras para dar vida a nuevas expresiones culturales más ricas, frescas, y con mayores posibilidades de reproducirse en el futuro.
Texto: Esteban Galera  
Fotos: Varios Autores