lunes, 24 de mayo de 2010

El pueblo de los negros y la música Gnaoua.

En los límites de Marruecos, junto a la frontera Argelí nos encontramos en las puertas del gran océano de arena: el Sahara. Desde Merzouga contemplamos las dunas gigantes del Erg Chebbi, se trata de una cadena de dunas de arena fina que puede alcanzar los 170 m de altura y que parece haberse separado de una duna mucho mayor que está al otro lado de la frontera.

Más allá el infinito, o como se puede leer en un cartel de ZagoraTomboctou 52 días en camello” y una flechita pequeña apuntando al Sur.


Casi al final de la carretera llegamos por fin a nuestro objetivo: el pueblo Khamlia, entre Merzouga y Taouz. En la zona es conocido como “el pueblo de los negros”.

Efectivamente. Al bajarnos del coche nos encontramos con gentes de tez muy oscura, más propia de regiones del África negra. Todavía más, pues el contraste de la arena blanca, las blancas construcciones de sus casas en el poblado, y sobre todo las túnicas blancas acentuaban el contraste.

Preguntamos por los músicos y varios niños nos condujeron a una casa de barro con tres estancias. Amables, hospitalarios y sobre todo siempre sonrientes se presentaron los músicos, nos ofrecieron unos tés, nos enseñaron su casa y nos presentaron a su familia.

Dentro de una de las estancias pudimos ver varias fotos de conciertos que habían echo y se ofrecieron a interpretar algunos temas que habían compuesto, a lo que accedimos de buen gusto.

En el exterior de la estancia y con el fondo del Gran Sahara nos sentamos en unos cojines que nos prepararon, con una mesita, tés y algunos frutos secos y dátiles.

Salieron con sus trajes tradicionales y varios instrumentos antiguos de cuerda (Pequeñas guitarras con tres cuerdas y una especie de arpa) y percusión, (Yembés, crótalos...).

Esta música trata de poner al que la escucha en trance, con un ritmo pegadizo y contagioso. Su tono agridulce le acerca al blues. Los crótalos empiezan a marcan el ritmo y a continuación la percusión de los yembés le va siguiendo de manera desenefadada y alegre, el ritmo crece cada vez mas hasta sumergirte en el.

No nos pudimos negar a bailar con ellos y mimetizarnos por un momento con el sol y la arena que nos rodeaba y nos empequeñecía.


De repente uno de ellos cogió de uno de los platos unos pocos frutos secos y los tiró frente a nosotros y silbó fuerte, en medio segundo aterrizo una paloma (blanquísima) y se puso a seguir el rimo de la canción moviendo la cabeza y las patas. Se nos quedaron los ojos como platos al ver como la paloma seguía toda la canción como si fuera una coreografía ensayada mil veces, parando justo cuando el músico callaba y arrancándose de nuevo justo al seguir tocando de nuevo.


Al finalizar firmamos en un libro de visitas donde otros viajeros ponían sus comentarios y experiencias. Nos despedimos del grupo. Nos dijeron que se llamaban “Les pigeon du Sable” … La palomas de arena.


De www.traveltu.com

Texto de Miguel A. Benito

Fotos de Miguel A. Benito



No hay comentarios:

Publicar un comentario